Casi nadie llega a una consulta de hiperhidrosis buscando una cirugía. Llega buscando que se le acabe. La cirugía aparece después, y aparece bien solo si antes se recorrió lo demás.
Escalón 1: antitranspirantes de prescripción
No son los del supermercado. Son formulaciones con sales de aluminio en concentraciones mayores, y su eficacia depende tanto del producto como de cómo se aplica: en piel seca, de noche, y retirándolo en la mañana.
Mucha gente los da por fallidos porque los usó como un desodorante cualquiera. Vale la pena hacerlo bien antes de descartarlos.
Para qué zona: axilas sobre todo; también manos y pies, con más irritación.
Escalón 2: iontoforesis
Consiste en sumergir manos o pies en agua por la que pasa una corriente eléctrica de baja intensidad, en sesiones repetidas. No duele; se siente un hormigueo.
Su punto débil es la constancia: requiere sesiones frecuentes al inicio y mantenimiento después. Su punto fuerte es que no tiene efectos sistémicos y que el equipo se puede tener en casa.
Para qué zona: manos y pies. En axilas es incómoda y poco práctica.
Escalón 3: toxina botulínica
Se inyecta en la piel de la zona y bloquea la señal que llega a las glándulas sudoríparas. El efecto tarda unos días en instalarse y dura varios meses, tras los cuales hay que repetir.
En axila es donde mejor rinde: la zona es pequeña, accesible y el pinchazo es tolerable. En manos funciona, pero las inyecciones duelen bastante más y puede haber debilidad transitoria en la fuerza de agarre.
Para qué zona: axilas en primer lugar; manos y cara en casos seleccionados.
Escalón 4: medicación oral
Anticolinérgicos que reducen la sudoración de todo el cuerpo. Sirven cuando hay varias zonas comprometidas a la vez, que es donde los tratamientos locales se quedan cortos.
El límite son los efectos adversos: boca seca, visión borrosa, estreñimiento, dificultad para orinar. Muchos pacientes los toleran mal, y no todos pueden tomarlos.
Para qué zona: sudoración en varias zonas o generalizada.
Cuándo pasar al siguiente escalón
Hay dos motivos válidos, y conviene distinguirlos.
El primero es que no funcionó. Se probó bien, con la técnica correcta y el tiempo suficiente, y la sudoración sigue condicionando la vida.
El segundo es que no es sostenible. Funciona, pero implica sesiones cada pocas semanas o inyecciones dos veces al año durante las próximas tres décadas. Ese argumento también cuenta, y es legítimo: no todo el mundo quiere organizar su vida alrededor de un tratamiento de mantenimiento.
Lo que no cambia
Ninguno de estos escalones se salta porque el paciente venga decidido. Y ninguno de ellos, incluida la cirugía, se indica sin antes descartar que la sudoración responda a una causa de fondo —tiroides, medicamentos, cambios hormonales—, porque en ese caso todo esto es el tratamiento equivocado.
Dr. Mardonio Euscátigue
Cirugía de Tórax y Cardiovascular · CMP 56542 · RNE 32483
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